Cuando el hombre deja de lado su masculinidad y acoge la mentalidad femenina, es como tratar de meter un DVD en una lavadora de ropa: NO FUNCIONA.
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Sí, soy católico, y además comprometido con mi Iglesia; sí, considero que la Iglesia católica es la misma que instituyó Cristo; no, no creo que haya diferencia entre el Cristo histórico y el Cristo de la fe; sí, creo que Jesús resucitó, de manera física y corpórea; no, no creo que haya dejado atrás su “cadaver”; sí, creo que en Cristo hay una sóla persona, el Verbo de Dios, segunda Persona de la Trinidad, con dos naturalezas, una humana y otra divina; sí, creo que Jesucristo se sacrificó por mi; sí, creo que todo esto que digo probablemente me catalogue en algunas conciencias estrechas como carca, tradi, ingenuo, zombie, borrego, simple, superficial, beato, ignorante, retrógrado, etc.; y no, no me importa un comino lo que los demás piensen de mí por todo esto. Lo creo y estoy dispuesto a morir por defenderlo.
Si a alguien no le gusta, no me vuelva a leer.
Si os dijera que esto aparece en medio de una divertida conversación sobre el antisemitismo de Pío Moa os extrañaría, ¿verdad? ¡Te queremos, Galoch! ¡Te agradecemos, Manel!
Pues mira, no puedo estar más de acuerdo con su última frase.
Quería sentar tanta cátedra que hasta se ha equivocado:
“y no, no me importa un comino lo que los demás piensen de mí por todo esto”
quiere decir que SÍ le importa.
Pero lo mejor de todo es lo de “conciencias estrechas”.
Por qué coño tendría yo que clickar en el link y tragarme la conversación entera. Eso no se hace.